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17 de septiembre, 2026

Innovación pública: hacia Estados más eficientes, sostenibles y cercanos

Para Patricio Ovalle (ILG 2025, Chile) y Luis Papagni (ILG 2025, Argentina), la innovación pública va más allá de la incorporación de tecnología: constituye una herramienta para transformar la gestión estatal y mejorar de forma sostenible la calidad de vida de las personas. Su impacto depende de fortalecer las capacidades institucionales, la confianza, la colaboración y la continuidad de las iniciativas con perspectiva de largo plazo y que trascienda los ciclos de gobierno. En este contexto, América Latina y el Caribe tiene la oportunidad de articular a los sectores público, privado, académico y social para desarrollar soluciones centradas en la ciudadanía para avanzar hacia Estados más ágiles, duraderos y próximos a las personas.

Patricio Ovalle y Luis Papagni
Patricio Ovalle y Luis Papagni

por Guadalupe Ramírez

En una conversación conjunta, ambos alumni de la cohorte del programa Innovación y Liderazgo en Gobierno (ILG 2025), comparten su motivación para ser agentes de cambio, sus perspectivas como líderes impulsores de la innovación pública, qué factores determinan que sea exitosa y las oportunidades en América Latina y el Caribe.

Distintas trayectorias, un propósito compartido: innovar en lo público 

Con trayectorias académicas y profesionales muy diferentes, Luis con formación en Ingeniería en Sistemas de Información y una sólida carrera de más de 22 años en el sector público , y Patricio, ingeniero comercial y MBA de la Universidad del Desarrollo, con formación  ejecutiva en innovación, emprendimiento y transformación pública en el programa ILG de Georgetown University, IE University y Babson College;  ambos han encontrado en el sector e innovación pública, una profunda motivación para generar impacto.

Para Patricio Ovalle Wood, director del Hub de Ciudades del City Science Lab MIT–Universidad de Guadalajara y ex Senior Innovation Advisor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), es fundamental distinguir entre invención e innovación. Una invención puede ser una idea, una tecnología o una solución novedosa; se transforma en innovación cuando es adoptada, genera valor y resuelve un problema concreto. En el ámbito público, ese valor debe traducirse en mejores servicios, mayor confianza y una mejor calidad de vida. La innovación pública, además, necesita espacios de confianza, porque difícilmente prospera en instituciones dominadas por la sospecha, los silos o el temor al error. De ahí la necesidad de articular capacidades del Estado, las empresas, la academia y la sociedad civil para abordar desafíos que ningún actor puede resolver por sí solo.

Su trayectoria como consultor en competitividad y sus experiencias profesionales en Chile, Europa y Estados Unidos le mostraron a Patricio que los gobiernos podían ser más eficientes, ágiles y colaborativos si incorporaban nuevas metodologías, tecnologías y formas de vincularse con su entorno. Como director de Desarrollo de la Municipalidad de Providencia, impulsó en 2017 Hub Providencia, el primer hub municipal de innovación de Chile. Más tarde, desde el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), llevó esos aprendizajes a escala regional mediante la creación del Hub de Ciudades. Hoy, bajo la institucionalidad del City Science Lab MIT–Universidad de Guadalajara, esta plataforma articula a más de 30 gobiernos e instituciones públicas de 12 países de América Latina y el Caribe para transformar desafíos comunes en soluciones colaborativas, replicables y con capacidad de permanecer más allá de los ciclos de gobierno.

En América Latina y el Caribe, señala Patricio, no basta con gastar más: es indispensable gastar mejor e innovar en la manera en que el Estado diseña, implementa y evalúa sus políticas. El BID estimó que las ineficiencias en compras públicas, transferencias focalizadas y remuneraciones equivalían al 4,4% del PIB regional; una actualización publicada en 2025 situó esa cifra en 4,6% del PIB para una muestra de 15 países en 2022. A ello se suma una brecha distinta, pero igualmente relevante: según la OCDE, la región ha invertido alrededor del 0,65% del PIB en investigación y desarrollo, frente a cerca del 2,7% en los países de la OCDE. Estos indicadores no miden lo mismo, pero apuntan a un desafío común: fortalecer las capacidades públicas, movilizar conocimiento y convertir recursos limitados en mejores resultados para las personas.

“La innovación pública debe acercar mundos que hoy no conversan: romper silos, conectar capacidades y convertir la tecnología en mejores servicios, más confianza y calidad de vida para las personas”. – Patricio Ovalle (ILG 2025, Chile)

Por su parte, cuando Luis, consultor y asesor estratégico de Infraestructuras Públicas Digitales (DPI), Identidad Digital, Ciberseguridad e Interoperabilidad, inició su carrera en el sector público se dio cuenta del poder multiplicador único que representa la combinación de gestión pública y la tecnología para llegar a millones de personas con una solución, reducir desigualdades y profundizar cambios. Ya no solo se trataba de migrar sistemas sino entender los desafíos para llegar a territorios a través de proyectos con gobernanza clara, soberanía digital y sostenibilidad a largo plazo.  En países de la región donde hay políticas públicas a corto plazo, la tecnología combinada con innovación, da la posibilidad de hacer políticas públicas sostenibles en el tiempo con un impacto mayor.

Aceptar, adaptar y apropiar: claves para el éxito 

Desde su perspectiva, la innovación requiere sostenibilidad en el tiempo. Un proyecto de transformación digital, por ejemplo, es exitoso cuando trasciende una gestión y para ello se requieren varios factores: 1) la institucionalidad que incluye gobiernos con reglas claras, marcos normativos, estructuras que conviertan proyectos en políticas de estado, no iniciativas que mueran al poco tiempo de ser creadas 2) estándares abiertos que permitan que las cosas se conecten y escalen sin depender de un proveedor puntual 3) capacidad instalada con equipos humanos técnicos formados y que hagan evolucionar lo construido y 4) capacidad de gestión del cambio para solucionar los desafíos. 

“Un proyecto de innovación pública sólido pasa por tres etapas: aceptación, adaptación y apropiación. Cuando llega a la tercera, y es apropiada tanto por la gestión, como los equipos técnicos y la ciudadanía, es considerado exitoso”. – Luis Papagni (ILG 2025, Argentina)

Un ejemplo – continúa – es el trámite digital en Argentina, que a más de 10 años de su implementación sigue funcionando. Anteriormente, las personas que necesitaban tramitar su documento de identidad tenían que presentarse personalmente, reclamar varias veces y un tiempo de espera de 6-8 meses. Con el cambio en 2010, las personas que requieren un documento de identidad, incluido el pasaporte, inician su trámite y en unas horas o a los pocos días, lo reciben en su casa. Para la ciudadanía es impensable que sea de otra forma; es un modelo sostenible, en el que se actualiza la tecnología según se requiera, y es exit

Cohorte ILG 2025
Cohorte ILG 2025

Continuidad y confianza a largo plazo, independiente a la gestión

Para Patricio, quienes innovan en el sector público suelen invertir demasiado tiempo en justificar su trabajo y muy poco en consolidarlo. Por eso, sostiene que sin apoyo y voluntad política no existe innovación pública sostenible. Las autoridades deben habilitar un espacio en el que sea posible experimentar, aprender y gestionar el riesgo; pero el desafío de fondo es convertir esos proyectos en institucionalidad:
reglas, capacidades, recursos y mecanismos de gobernanza que pertenezcan al Estado y no dependan exclusivamente del gobierno de turno.

En América Latina, continúa, el principal obstáculo no es la falta de talento ni de ideas, sino la fragilidad institucional: incentivos de corto plazo, rotación de liderazgos, capacidades desiguales y escasa continuidad de las políticas. Frente a desafíos urgentes en educación, salud, seguridad, productividad y cohesión social, la innovación no puede reducirse a una sucesión de pilotos. Para escalar y sostener soluciones se requieren gobernanza, equipos preparados, recursos, evaluación y liderazgos capaces de movilizar a la organización.

Chile ofrece ejemplos de que la continuidad institucional y la colaboración multisectorial son posibles. Desde el año 1990, distintas administraciones han construido sobre políticas previas, incluso cuando pertenecen a coaliciones diferentes. Start-Up Chile, creado en 2010 al inicio del gobierno del presidente Sebastián Piñera por el Ministerio de Economía e implementado por Corfo, se convirtió en la primera aceleradora pública de startups del mundo y posicionó al país como referente en emprendimiento de base tecnológica. Más tarde, durante el segundo gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, comenzó a desplegarse la red de Centros de Desarrollo de Negocios de Sercotec, inspirada en el modelo Small Business Development Centers (SBDC), que hoy cuenta con 62 centros y más de 200 puntos de atención en todo Chile. Esa capacidad de sostener, adaptar y escalar políticas entre administraciones, agrega, todavía es la excepción que debería convertirse en la regla.

Por su parte, Luis agrega que en América Latina existe el talento necesario para innovar y hay países que tienen buenos avances digitales. Sin embargo, también hay desafíos estructurales como la fragmentación en donde las instituciones terminan resolviendo lo mismo por separado sin interoperan entre ellos. Con ello, la innovación pública queda coartada y sin posibilidad de escalar. Eso también es parte de la discontinuidad institucional, pues los cambios de gobierno terminan reiniciando procesos en lugar de construir sobre lo que ya existe.

Manteniendo una mirada optimista y realista, también considera que el foco debe ser el ciudadano y su confianza en las instituciones, especialmente en la protección y uso de sus datos. Hoy los gobiernos tienen la oportunidad de pensar la innovación como un bien público y, tomando como referencia el Triángulo de Sábato, tanto la academia, el estado y sector privado, deben trabajar juntos de forma articulada para lograr procesos consistentes y basados en la confianza. 

ILG, un llamado para transformar la región 

En una reflexión final y compartiendo su experiencia en el programa ILG, ambos coincidieron en que éste les dio la oportunidad de compartir con colegas del sector público de diversos países, confirmando que existen desafíos comunes, que ninguno se resuelve solo y que la integración regional deja de ser un ideal romántico para convertirse en una estrategia que, en comparación con lo que sucede en otras regiones, es viable. Ambos resaltaron que el programa no solo forma técnicos, sino personas capaces de liderar el cambio y tejer las redes que hoy necesita la región para estar más articulada.

Ambos coinciden en que el programa reúne talento que tiene pasión e interés genuinos para mejorar la calidad de vida de las personas y que brinda un empoderamiento, pero también es un llamado a la acción para que, desde la posición de cada uno, hagan una diferencia genuina porque como aprendieron en ILG: “¿si no somos nosotros quién y si no es ahora cuando?”

¡Gracias Patricio y Luis por su genuino compromiso con la innovación pública en la región!